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8/3/10

Love is death...

Fue amor lo que me llevó a volverme a pasear en la cima del mundo, allá donde he podido percibir el exquisito perfume de las nubes, donde las estrellas dejaron de ser inalcanzables y el tacto en mis manos descubrió la sensibilidad sublime al sentir tu cuerpo cerca del mio.

Tu mirada se volvió un espectáculo en medio del universo, donde todo quedo reducido a nada por la naturalidad que desbordaba tu encanto. Viví los mejores días de mi vida en este espacio tan oscuro, pero que a tu lado se llenaron de brillo y luz que no podría describir con palabras.


En la cima aprendí que después del huracán de la cotidianidad existe un momento irresistible de vivir: tu compañía. Alcanzaste a desatar la cadena de emociones más intensa que desde hace tiempo no se percibía en mi mundo.

Único.

Entonces descubrí el arte de tu sensibilidad, cuando cada día mostrabas lo que tanto disfrutaba, y es que era el destello de tu sonrisa la que se levantaba majestuosa protegiéndome y calmando cualquier estado de tensión que mi cuerpo y mente pudieran experimentar.

Así, el inmenso poder de tu existencia marcaba el punto de referencia en mi mundo.

Hasta que despertaste al Demonio…

El cielo se incendió la noche que permitiste tus viejos hábitos hirieran mis emociones, perdí la tranquilidad y el veneno empezó a recorrer mi sangre hasta encenderme al punto de perder el control y olvidar… olvidar lo que un día fuiste.

Desde la cima del mundo, observaba como todo a mi alrededor empezaba a arder, y a unos cuantos pasos a mi derecha, me retabas con tu mirada.

El infierno se dibujo en mis labios y en el viento intenso me mostré tal como no deseaba mostrarme ante ti. Todo ardía en lo más bajo de la cima, la montaña estaba incendiándose con tal fuerza que en un instante el espacio que ocupábamos ardía por completo.

Entre las llamas alcanzaba a ver como sonreías. Hasta que el miedo broto en tu piel, tu mirada perdió intensidad y tu sonrisa ahora mostraba desesperación.

Era la misma sensación que provocaba el espectáculo que alguna vez nos permitimos observar en lo que era el paraíso para ambos. Solo que en esta ocasión era en el infierno. Tu infierno, mi mundo.

Caminé lento hasta acercarme a ti. Estabas inmóvil, lucías verdaderamente mal, tus ojos destilaban miedo, los mios: veneno. Pudiste evitarlo…

Me acerqué... no a matarte, aunque moría por detener mis manos en tu cuello y apretarlo deliciosamente hasta asfixiarte y ver como tus ojos se llenarían de sangre hasta explotar. Podría arrastrarte hasta desbaratar tu piel y con mis propias manos despedazar tu cuerpo. O podría enterrar mis manos en tus entrañas y retorcerlas al mismo tiempo que tu cuerpo, disfrutando provocar dolor intenso en ti.

Pero no, prefería una muerte sutil y elegante. Solo un ángel ha podido dañarme y fue un placer asesinarlo. Tu no eres un ángel, eres un pobre estupido y será exquisito verte morir...

Toqué tu cuerpo, temblabas de miedo, abracé tu torso y por un momento te sentiste tranquilo. Se me había escapado el último suspiro de amor… te estremeciste en mi , entonces, abrí los ojos y el infierno volvió a arder dentro de mí.

Besé tus labios, mi saliva fue letal en tu boca, sin soltarte observe con una sonrisa, como el veneno de mis labios hacia estremecerte en una sensación que sabías era final. Volví a besarte y sin pensarlo, mordí tu boca hasta arrancarte los labios y escupirlos a un lado. Sangre…

Y te dejé caer, no eras más nada. Entonces las llamas alcanzaron tu cuerpo y ardiste hasta que tu cuerpo perdió forma y tu presencia termino por extinguirse… tu cementerio será siempre el infierno, mi paraíso.

Después vomité el asqueroso sabor de tu recuerdo.




"Hay amores que se vuelven ilusiones aun en la claridad del espacio y que crean tormentas que podemos usar para aniquilar a aquel que uso las emociones para lastimarnos en vida... hay vidas que deben extinguirse por que no valen nada, como la tuya..."





The Legendary King Raynier.

29/12/09

No hay nada ya... Parte 3. Final.

- Asi es... Moriremos juntos.

Fue tanta la rabia que le provocó que sin pensarlo, mordió el brazo del otro arrancándole un pedazo de piel que escupió mientras el otro gritaba por el dolor que le causaba.

Desenfundaron las espadas de oro que colgaban de sus cinturas y las alzaron al universo…

- Te odio tanto maldito, quiero ver retorciéndote. No tengo piedad esta vez, aunque muera también, te haré vivir un segundo de tu mismo infierno y te haré sentir la brutalidad que me carcome por verte morir.

- Gracias Ray, ese odio alimenta mi deseo por destrozar cada parte de tu cuerpo. Mereces lo mismo que yo. Juntos hicimos sufrir a tantos que querían vernos separados… pobres y aunque al final lo consiguieron, hoy volvemos a estar juntos… escribiendo el último capítulo de este infierno que tantos tuvieron que soportar.

- Quizá disfruten vernos morir juntos… quizá imploren nuestro cuerpo para que nos adoren hasta el final de sus propias vidas. Dejamos la inmortalidad…


Estaban golpeados, pero no adoloridos. Sus alas lucían impecables, puesto que no habían sido usadas en el combate. Se extendieron una vez más, pues el golpe mortal estaba por anunciar muerte.

Ambas alas empezaron con un movimiento lento hasta que ambos provocaron un huracán insoportable que levantó en el aire los vestigios de un recuerdo y las llamas que incendiaban cada sentimiento hasta consumirlo en el olvido.

Movían sus alas con tal intensidad que uno de ellos consiguió herir la piel del otro en un solo movimiento de estas. Había solo ira y odio… y así el que había sido herido en el pecho dio un giro desplegando impresionantemente sus alas hasta rozarle el cuello a su oponente, marcando en su piel una delgada línea mortal de la cual empezó a escurrir sangre.


Con la ansiedad del final y brotándole sangre del cuello, corrió con la espada en la mano, gritaba enloquecido. Sus alas se expandían mientras corría la poca distancia que le separaba de quien algún día fue … el compañero perfecto en el amor por el infierno.

Al momento que su oponente volteo para colocarse de nuevo frente a él, sintió el dolor intenso de la espada enterrándosele en el estomago. Vomitó sangre sobre el que un día fue su amigo. Y sin meditarlo tomó la espada por el puño para enterrarla a la altura de su espalda alta, justo donde nacían sus alas…


El rostro de ambos mostraba un dolor impresionante. Eran heridas perfectas para dejar a un lado la inmortalidad.

Ambos cayeron al piso y a un lado la espadas llenas de sangre. Las alas pesaban y estaban muriendo antes que el cuerpo de quien las poseía. Tardaron unos segundos en ponerse en pie nuevamente. Estaban envueltos en tierra, no había el brillo del platino y solo quedaba un instante de fortaleza.

Un grito desgarrador. Y levantaron las espadas para volver a clavarlas hasta la profundidad del cuerpo donde el último de los sentimientos se escondía perfectamente.

Fue tal la fuerza que los dos cuerpos volaron en el aire, hasta desplomarse en el vacío de aquella cumbre. En el horizonte podía verse como el cabello de ambos se levantaba con la misma elegancia de siempre. Finalmente cayeron al piso desbaratando cada uno de sus huesos.


- Hasta … nunca Sergio.

- Hasta nunca… Ray.


Murmuraron con dificultad, mientras las llamas del infierno terminaba por consumir lo que quedaba de ellos y el Ángel de Oro se fundía en el calor del infierno hasta que no quedo nada.

Desde entonces el Infierno dejó de existir en el universo. Nadie pudo contar una historia igual, el odio perdió significado y la delicia de la venganza quedo inmortalizada en la imagen de la batalla final.

Una leyenda que murió junto al Demonio que le inspiró a lo que un día llego a ser…





The Legendary Crown Prince Raynier