Ambos parecemos extraños a lo que un día fuimos, sentados aquí dándonos la espalda al tiempo que la memoria termina por extinguirse.

Y la mirada perdida…
Me levanto y me siento ahora frente a ti, y te miro buscando una sonrisa, pero no hay nada ya. Se lo ha llevado todo el viento y no ha dejado rastro de lo que un día existió.
No hay más sonrisas atrevidas a la mitad de una conversación, no hay más palabras que encuentran un espacio en el corazón del otro, no hay más complicidad en los minutos de locura, no hay más… nada.
Se ha perdido todo y el último suspiro se acerca.
Entonces me levanto y camino paciente alrededor tuyo intentando que la memoria vuelva a tu cuerpo y puedas abrazarme como tanto he necesitado. Vueltas y más vueltas… ha caído la noche.
Coloco algunas velas en la habitación, al paso de los minutos empiezo a encenderlas, volviendo tenue el ambiente. Y así, me encamino a la esquina para abrir el cofre de la memoria y tomar tantas flores rojas como recuerdos que hay en el. Y lentamente, con respeto al tiempo que compartimos, les encuentro un espacio en toda la habitación. Todo luce perfecto.
Esta es la antesala de mi estado mental.
Todo huele al enigmático aroma del preludio mortal, flores rojas que marcan el intenso color del amor y velas suaves que iluminan la oscuridad de esta noche.
Tu, ahora de pie y delante de mí. Detenido en el tiempo y en el espacio. Tu mirada luce ausente mientras ves como me recuesto en este espacio reducido al tamaño de mi cuerpo.
Si, es el final…
Ayer sonreías mientras caminábamos juntos, ayer me mirabas con el corazón. Solías decirme te quiero y entonces tu mirada se llenaba de brillo, mi reflejo en tus ojos era un espectáculo increíble para mi. Hoy tu semblante luce distinto.
No hay nada que hacer, la guerra ha terminado y es momento que me retire. Tu fortaleza sigue intacta… la mía, puedes recogerla, está completamente hecha pedazos en el jardín de tu castillo.
Esta ha sido la batalla que mas ha dolido, la única que ha valido mi esfuerzo, mis emociones, mis pensamientos… mi amor.
Lo acepto, tengo miedo, pero es veneno letal lo que ahora respiro.
“Ven, acércate…”
“Eres el niño más tierno y noble que he conocido en mi tiempo de vida. El chico lindo de las emociones más sinceras, el que tanto he admirado por el amor incondicional que muestras por tu familia. El único que he conocido ha tenido la capacidad para hacerme sonreír con solo mirarme… Te amo por lo que siempre has significado en mi vida, te amo por tu forma de ser, te amo por las tantas veces que estuviste cerca de mi, sin que yo lo pidiera… Gracias.”
Y entonces te acercaste a mí intentando abrazarme, pero no había espacio suficiente, en cambio acaricié tu rostro y te acerqué a mi para besar tus labios, y al final solté tus manos…
“Te he querido tanto y me has hecho tanto daño…”
“Apaga las velas, recoge las flores... cierra mi ataúd. Es mi funeral.”