26/8/14

Hard

- Ah!

Un suspiro inundó el silencio profundo dentro de la cabaña y desencadenó un gemido provocado por el placer de sentirse tocado sexualmente entre las piernas mientras mantenía los ojos cerrados. Tragaba saliva mientras las uñas de sus manos se encajaban  en los brazos del sillón donde estaba sentado.

El torso desnudo dibujando perfectamente los músculos de su abdomen; plano y marcado,  más no exagerado.  Ya no tenía abrochados los primeros botones de sus jeans, dejando al descubierto parte de la oscuridad de su ropa interior.

Piel deliciosa y tersa envolviendo el cuerpo atlético de un chico completamente excitado. Abrió los ojos y observó una sonrisa atrevida mientras sentía los labios del otro en su abdomen. Iba, entonces, directo a la perdición.

- No voy a lastimarte…

Sabía lo que estaba haciendo, entendía el deseo del otro y lo hacía con la  perversión propia del deseo, a veces se le escapaba un segundo de inocencia y ternura que le hacía demostrar sumisión. No era la primera vez que lo hacía y aunque no era un experto, sabía cómo provocar el lado perverso de su víctima hasta llevarlo a experimentar un orgasmo pleno y sucio.

Mientras, con su lengua recorría la parte baja del abdomen y con sus manos quitaba los jeans de aquel chico. Permaneció así un largo rato, el estaba con el torso desnudo y el otro vestía únicamente un bóxer negro que no dejaba nada a la imaginación y delataba algo más que excitación; dejaba al descubierto el exquisito  estado sexual  e insinuaba aun más intenso un estado mental que desataba la furia haciéndole retorcer su cuerpo lleno de placer mientras sentía como le recorrían cada centímetro de su piel.

El ambiente era perfectamente relajado; no había más de media docena de velas rojas encendidas que iluminaban tenue la cabaña. A través de la ventana se podía observar la cantidad de estrellas en el firmamento, a lo lejos, muy a lo lejos la silueta de una montaña mordiendo una parte de la luna.

Calentó sus manos con un poco de aceite y con ellas sabía que podría enloquecerlo aun más.

- ¿Te gusta?- Preguntó.
- Me encanta como lo haces. – Respondió con los ojos bien cerrados.
- Desde que te vi aquella vez corriendo en la pista sabía que un día conseguiría acercarme a ti.
-  Y lo conseguiste. – Afirmó con una sonrisa sutil en los labios.
- No ha nacido un mortal imposible para mi.
- Solo recuerda que no soy gay y solo será esta vez. – Aclaró.
-  No dije que lo fueras, pero volverás…  – Sonrió.
- ¿Tan seguro estas de lo que dices?
- Solo te irás… solo volverás.  

Inocente, perverso, delicado, sucio, atrevido… letal.

Lo invitó con las manos a levantarse. Ambos cerraron los ojos, ahora si podían estar bien cerca. Olía su piel, besaba su cuello, acariciaba su piel y se perdía en ella; por momentos parecía que deseaba desgarrar la piel de su espalda enterrando sus dedos tanto como podía. El otro se dejo llevar por la situación y también lo abrazaba, empezaba a consumirse en el deseo.

…

Mientras estaba de pie, sujetó la cabeza de su compañero hasta que consiguió que estuviera precisamente sobre sus rodillas y a la altura de su abdomen. Acercó todo su cuerpo a la cara del otro, estaba ya demasiado excitado.

- Pruébame, se que lo deseas.
- Tanto como tú. – Respondió mientras estaba de rodillas.

Y en un momento empezó a sentir la humedad de esos labios recorriendo la inmensidad de su excitación que guardaba dentro de esos bóxers negros. Era brusco y tomaba la cabeza del otro con toda su fuerza para pegarlo tanto como fuera posible a él. Sintió como poco a poco iba bajándole el bóxer hasta caer sobre el piso y quedar completamente desnudo. No había nada que esconder ya, y el poco pudor que existía se había esfumado por completo. Las preferencias sexuales habían quedado atrás, solo el deseo ardía por dentro… quemaba.

- ¿Me deseabas? ¡Mírame!
- Suficiente… - Afirmó mientras le observaba directamente a los ojos.

Sus labios devoraban cada centímetro de esa parte en su cuerpo, y con saliva calentaba aun más lo que evidentemente se mostraba pleno, duro e hipnótico. Sentía caliente hasta la garganta. Probó entonces el placer del otro.

Ambos respiraban agitados.

- ¿Quieres que…?
- No.
- ¿No qué?
- No quiero.
- ¿No? Aprovecha…
- No.
- Me deseas cabrón, lo sé.

Y lo agarró con fuerza, lo levantó y lo colocó de espaldas a la pared.

- ¡Aaaah! – Gritó cuando lo tomó del cabello para levantarlo
- ¡Siénteme!

Sólo se escuchaban gemidos intensos mientras le penetraba con toda la fuerza que su masculinidad le permitía, ya nada era prohibido y realmente disfrutaba lo que estaba haciendo… con otro hombre.

Lo aventó a la cama y aunque intentó levantarse, le sujetó de la cintura y del cabello para volver a poseerlo con toda la fuerza de sus veintitantos años. El otro solamente se ahogaba en el placer que le provocaba, combinación perfectamente erótica para ambos. Ambos ya acostados y en una posición que le permitía tener otra vez el control, dejó que sus sentidos se perdieran en un instante completamente explosivo.


Se movían con tanta precisión que atinaban chocar sus cuerpos con tal intensidad que parecía no tardarían mucho más en silenciar la excitación corporal y mental con un orgasmo turbio quizá, pero pleno.  Fue uno quien alcanzó primero un orgasmo espectacular contrayendo su cuerpo, mientras el otro gritó en el mismo momento en que vació todo su interior en el cuerpo de quien lo había seducido.

Se desprendió unos minutos después y se quedó observando el techo de la cabaña. Estaba exhausto. El otro miraba por la ventana, lo había conseguido y lo había disfrutado aun más de lo que el mismo se lo imaginaba.

- Vaya que lo haces muy bien. – Murmuró mientras seguía con la mirada perdida en el techo.
- Tú resultaste justamente lo que yo esperaba.
- ¡Calla! Fue debut y despedida.  - Afirmó.
- Así dicen todos, más de uno ha vuelto. Lo harás.

…

Se levantó de la cama y recogió su ropa que estaba tirada en alguna parte de la habitación, se puso los jeans, mientras charlábamos un poco más; sus gustos y los míos, tomó un par de cervezas del refrigerador y me alcanzó una que ya había destapado, se sentó a la orilla de la cama. Me miraba, permaneció callado un momento y sonrío; me confesó que era su primera vez con un chico y que no había sido una mala experiencia, que lo había disfrutado más de lo que había imaginado. Dijo que tenía novia, en realidad no me importó.  Se recostó nuevamente en la cama y empezó a hablarme de fútbol y un poco de su trabajo, me cuestionó las mismas curiosidades que todos, o la mayoría, tienen antes o después de irse a la cama con alguien de su mismo sexo.

Terminó de vestirse y se despidió  apretándome la mano y mirándome con una sonrisa que, más que discreta, parecía  atrevida y misteriosa.

…

No sé cuanto tiempo había pasado desde entonces, pero al salir de bañarme, encontré un mensaje de texto: “¡Que onda! ¿Cómo estás?, soy Joel ¿Me recuerdas? Estoy cerca de tu casa ¿Puedo pasar a verte? Tengo ganas de…”

“Sabía que volverías.” Respondí y entonces escuché a los pocos minutos que ya estaba tocando mi puerta.


- Adelante – 

Sonreí.



Dirty & tasty.
This is me... and me.

9/6/14

Deluxe Road To Perdition: Death

Y una nube negra oscureció la inmensidad del paraíso, poco a poco las estrellas se perdieron en el infinito. El viento alcanzó la fuerza necesaria para levantar la más furiosa de las trombas marinas nunca antes vista por los mortales.

Una vez que el horizonte se confundió con el azul oscuro del cielo, el viento trajo el murmullo oportuno que provocó miedo en aquellos que poco a poco se acercaban a observar en la orilla de la playa; era el morbo y la incredulidad de lo que no vivían en su propia vida. Algunos corrían a resguardarse detrás de las palmeras y los demás encaminaban sus pasos a la cima de las montañas alrededor de la playa.

El día final había llegado.



El horizonte lucía tan enigmático como la misma oscuridad. Los Demonios Maestros tocaban instrumentos desde algún lugar en el infierno, ambientando así el espacio mortal.

Se escucharon docenas de cuernos y las aguas se levantaron al infinito en una cortina brillante que al caer reveló la presencia de las siete bestias. En el lado derecho una pantera y una serpiente Krait tan negros como el mismo peligro y en el extremo, un toro con la cabeza baja y los ojos brillantes retando al destino. En el lado izquierdo: un doberman y un lobo con el hocico listo para destrozar cuerpos. Un cuervo; el último de la fila, con las alas extendidas graznando con toda su potencia.

La música se volvió un completo desafió a la tranquilidad. Y para complementar la sobriedad letal del paisaje, un caballo oscuro en la retaguardia, acomodado de lado y relinchando vez en vez. La última estrella se extinguía en el firmamento.


Entonces, la oscuridad se iluminó con rayos de luz espectaculares que, tan pronto la velocidad permitía, eran coronados con truenos ensordecedores marcando la calma de las siete bestias que esperaban pacientes. El mar se extendió al cielo y en sincronía con los rayos volvió a caer sobre su misma superficie.

Entre inmensas olas y espuma blanca apareció El Rey, quien en un movimiento en el viento consiguió colocarse en el medio de las bestias. El caballo negro le cuidaba la espalda, entonces ya relinchaba dejando ver su esplendor majestuoso cual animal elegante. El Rey vestía un traje negro del que se distinguía mientras estaba suspendido en el viento. Sus ojos lucían tan enigmáticos que destilaban la fuerza que poseía, su cabello volaba en el viento mostrando la majestuosidad de un demonio… una bestia.

Extendió sus manos y con movimientos lentos comenzó a alterar la tranquilidad de las aguas, cada vez más y más hasta levantarlas al infinito, el sonido era espectacular y aterrador al oído de aquellos mortales, pues el cielo volvía a iluminarse con fuertes rayos seguidos de intensos truenos que provocaban la sonrisa del Rey.

- Aquí estoy, he vuelto. Este es mi territorio, mi paraíso… el infierno de muchos.
Alzó sus brazos y la mirada al universo y gritó:

- Maldito aquel que ha escupido palabras en mi contra. He descubierto su traición y no son dignos en mi reino. Esta noche sufrirán la crueldad y la ira de mi fuerza. No tengo piedad de nadie.

El Rey se elevó a lo más alto del paisaje mostrando el encanto de su rostro y la fuerza de sus rasgos, mientras las siete bestias que le rodeaban caminaban lento para acomodarse en la posición perfecta para atacar. Las bestias se encaminaron sobre el viento escoltando los pasos del Rey quien destilando ira con su mirada caminaba elegante hacia la arena de aquella playa.

- El infierno nace una vez más para mostrarme tal cual soy, sin miedo a nada y con la firme intención de asfixiar a todo aquel que ha intentado hacerme perecer en mi trayecto.

El tono de su voz era desafiante, pero hablaba con tranquilidad. Misma que hacía sincronía con cada uno de sus pasos y con su mirada. Dejó caer parte de su vestimenta sobre la arena, dejando al descubierto parte de sus brazos, sus dedos eran espectacularmente bien delineados y sobre su piel llevaba tatuados símbolos hindús que se extendían en la piel de sus brazos, cada línea era delicada y tan negra como su mirada.

- Soy aquel a quien ustedes con sus palabras castigaron hasta hundirme en el más peligroso de los abismos – Se expresaba con firmeza.

- Aquel quien mientras caminaba, le escupían veneno y enterraban espadas en el cuerpo. Hoy estoy aquí dispuesto a recuperar mi territorio… y mi dignidad.

El horizonte empezaba a arder en llamas que iluminaban la oscuridad, era el rojo perfecto mezclado con un tono amarillo definiendo el ocaso.

De nuevo la música de los demonios en el silencio de la noche. Un cuerno anunció el peligro y entonces El Rey volvió a moverse, el viento sopló fuerte sobre el escenario y los árboles empezaron a moverse por la fuerza del mismo. El destino estaba cerca y con ello, la destrucción de los últimos días.

Muchos de los que se resguardaban entre los árboles y palmeras corrieron contra El Rey, llevaban estacas en sus manos, algunos con palos encendidos y otros más levitando en oraciones para terminar con la vida del demonio en el que se había convertido después del exceso.

- Bienvenidos sean.

Miles de voces gritaban con rabia, algunos escupían muerte, otros palabras para purificar a quien era imposible calmar. Mil lamentos, mil y un pecados, voces, gritos, dolor, ira. Seis de las siete bestias asesinaban sin piedad; se escuchaba el graznido del cuervo enterrando el pico en la mirada de quienes tantas veces juzgaron los actos del Rey; la pantera con toda su rabia, sangraba la piel de aquellos que escupían palabras humillantes cuando El Rey parecía perderse en el abismo de su existencia. La salvaje respiración del toro anunciaba enterrar sus cuernos en los cuerpos vírgenes y puros que criticaban el erotismo sexual de su majestad. La serpiente inyectaba tanto veneno podía en aquellos que oraban por tranquilizar la vida de quien había nacido para disfrutar el holocausto de una noche atrevida, el perro destrozaba decenas de cuerpos y el lobo mutilaba la decencia de muchos.


El paisaje era espectacular a los ojos del Rey, quien sonreía mientras se acomodaba en el lomo del elegante caballo negro, mientras caminaba, pisaba tantos cuerpos se atravesaban en su camino, algunos con la mirada propia del miedo ante la muerte y otros exhalaban el último de los suspiros.

Entonces se escuchó una voz en el viento:

- Has llegado por fin, The Legendary King ¿Has pensado en lo que arrastras de tu pasado? Alguien más adelante vengará la muerte de todos, ha sido un placer esperarte. 

Y entre llamas apareció El Principe, que si bien no era poderoso si era bastante astuto en el arte de la muerte.

Las bestias voltearon en sincronía al final del camino para observar cómo se erguía aquel mortal que venía dispuesto a todo. Su rostro se distinguió en contraste con el rojo del cielo, era el mismo que alguna vez fue aliado del Rey. Aquel que compartió el secreto y el hambre por la destrucción. Aquel que cuando El Rey cayó al abismo se esfumó desconociéndole y negando su fortaleza.

 - Había esperado por ti tanto tiempo, tu me enseñaste el arte de la muerte y estoy aquí para destruirte. Debes morir. - Pronunció mientras observaba detenidamente el rostro del Rey.

- No tengo miedo de lo que eres, solo precaución de tus labios. Tu el  maldito de los mortales, aquel que me besó haciéndome acariciar la naturaleza de tu estúpida existencia, el de la piel que más de una vez me envolvió en las noches frías. Ese eres tu… el de los pasos silenciosos, el de la mirada ardiente, el de las palabras ácidas y letales. Yo también te esperaba.

Y sin más tiempo ambos desenfundaron espadas de platino y diamante.


Relámpagos.

Gritos ensordecedores cuando uno conseguía lastimar la piel del otro, lamentos en el viento cuando el filo de las palabras hería la memoria del oponente. Uno a uno, sin descansar lastimaba al otro.

El sudor en la piel de ambos, los ojos rojos despidiendo el infierno de sus cuerpos y la respiración intensa eran una prueba magnifica del paraíso letal que estaban viviendo. El Rey y El Príncipe, ambos con la misma intención de establecer el dominio final a costa de su propia muerte.

Ambos volaron en el viento hasta encontrarse frente a frente. El Rey cerró los ojos y bajo la cabeza permitiendo que su cabello cubriera parte de su rostro un poco lastimado, en cambio El Príncipe extendió sus brazos al viento mostrándose imponente a los que abajo observaban y las siete bestias se colocaron en una misma línea.

Lo que un día se pronosticó era ya una realidad.

El Rey gritó tan fuerte que provocó un tornado en el viento, alzó la mirada y de sus labios empezó a correr sangre. En un segundo voló detrás del cuerpo del Príncipe para abrazarle y así detener sus movimientos, este en su intento por zafarse enterró sus dientes en los brazos del Rey, el que fue su maestro. Ambos se retorcían de dolor… y de placer.

- ¡No eres el mismo de antes!

El Príncipe uso toda su fuerza y tiró de los brazos del Rey para hacerlo volar en el viento hasta que se estrelló en la arena. Mientras el cuerpo del Rey rompía la fuerza del viento, por su mente pasaban tantas escenas de cuando su presencia lo hizo colocarse en la cima… sonrió por un instante. Su cuerpo golpeo tan fuerte que tembló en el lugar.

El Príncipe observaba como las bestias se reunían alrededor de aquel Demonio tirado en la arena. Se dejo caer con la espada la mano dispuesto a enterrarla hasta lo más profundo del cuerpo del Rey y así apagar el infierno en el universo.

Las bestias gemían provocando un eco espantoso en el viento, inclinaban la cabeza y sus ojos brillaban encendidos por el infierno que el cuerpo del Rey les transmitía, quien en cuestión de segundos levitó en el viento, abrió los ojos y cayó de pie.

El cuerpo del Príncipe perdió control por la misma fuerza con la que se dirigía para matar al rey. No había más tiempo y El Rey levantó su espada enterrándola en el corazón del Príncipe, quien abrió sus ojos antes de expirar a la cumbre que merecía.

El Rey alzó la mirada y llevó sus manos al cuello, había sido herido de muerte por el filo de la espada del Príncipe. Cayó y suspiró, entonces el caballo se recostó a su lado agachando su cabeza a la tierra, la pantera rugió y las demás bestias hicieron lo propio a su instinto.

La música del infierno reveló el silencio del final.

The Legendary King había muerto y con el, el infierno se convirtió en cenizas revelando el lujoso camino que lo llevó a la perdición.



Dedicated to my Beloved Friend: Sergio.

(Relato escrito en abril de 2011)


24/3/14

The Journey - You.

“Ven a casa y abrázame pronto. Lo necesito.”

Era un mensaje de texto en su teléfono móvil. Estaba en su casa descansado después de un día de entrenamiento, miraba perdido el techo de su habitación; unos segundos más y se levantó. Alcanzó un par de tennis y mientras amarraba las agujetas pensaba si algo estaba pasando. Salió al jardín de su casa donde estaban sus hermanos charlando, encendió el motor de la motocicleta y arrancó un tanto apresurado.

- ¿A dónde vas? – Era la voz de su hermana.
- Ya vuelvo! – Gritó sin voltear a verlos.

No había mucho tránsito en las calles de la ciudad por lo que no demoró para llegar al apartamento de Ray. Se estacionó y apagó el motor.

Entró sin tocar y la puerta se abrió sin problema. Encontró una notita en la mesa de la entrada.

“Camina en la oscuridad hasta el lugar donde la ciudad se observa maravillosa. La noche es hermosa, encontrarás en el acantilado una piedra enorme y a un lado descubrirás un nuevo camino a seguir. No tardes, ya quiero verte.”

Volvió a su moto y aceleró camino al mirador de la ciudad, más de una vez le platicaba cuando disfrutaba subir corriendo hasta donde podía observar que tan pequeño era el mundo desde ahí y donde también podía contemplar la oscuridad llena de estrellas.

…

Recuerdo la primera vez que lo vi; era guapo, atractivo y simpático. Me impactó su sencillez y la amabilidad en el trato; su sonrisa era encantadora y su cuerpo era demasiado sensual. Más de una vez volví a ese lugar donde trabajaba para tener la oportunidad de estar cerca, de escucharlo y sentirme seducido por su mirada tan agresiva, siempre coqueto.

Poco a poco empezamos a frecuentarnos pero ahora fuera de su trabajo, definitivamente observarlo mientras me platicaba alguna anécdota o alguna historia de su vida me tranquilizaba el alma. Su compañía favorecía a mi estado de ánimo y el espacio donde estuviéramos se disfrutaba, dejo de ser una simple atracción visual.

…

Encontró la piedra y a un lado una pequeña notita, la segunda.

“En este lugar acostumbraba sentarme, la ciudad luce diminuta ¿No lo crees? Así siento todo cuando me acompañas pues todo se reduce a casi nada con tu presencia. ¡Eres único! Observa las estrellas, en ellas me gusta imaginarte.Toma tu tiempo y no lo olvides: te estoy esperando. 

¿Recuerdas el cafecito que está en el empedrado cerca de la iglesia? Acércate a la mesa de siempre y en el cielo encontrarás algo para ti. No tardes.”

Todo empezaba a tornarse extraño, marcaba a su teléfono móvil y le enviaba al buzón de voz. Por un momento se desesperó y sin pensarlo volvió a encender la moto. 

…

Aquella vez salimos a comer, platicábamos de nuestras familias. Era muy agradable verlo cerca, saberlo cerca. Siempre se mostraba atento y amable, cortes y muy reservado. Me enamoraba cada movimiento suyo, cada sonrisa en sus labios y la suavidad en sus manos cuando me mostraba afecto. Alguien como él; cálido y protector,  rudo y sensual.  No era una casualidad en mi vida, tampoco una coincidencia…  era el destino.

Hicimos sobremesa en un bar cerca de donde habíamos comido, un par de tragos para refrescarnos un poco. Conversábamos de tanto, por momentos bromeábamos y en otros pocos lucían algunas de mis confesiones respecto a lo que me provocaba su compañía. Era un chico extremadamente encantador y honestamente disfrutaba su presencia.

Empezaba a oscurecer y la noche parecía que se iba a prolongar, así que nos cambiamos al café de los fines de semana. Un lugar muy artesanal y con muy buena música electrónica para ambientar cualquier conversación. Los clientes solían escribir en las paredes de madera en el salón de atrás, un espacio más íntimo y privado.

Ahí, y en cualquier lugar, los silencios eran tentadores y con una sonrisa me aniquilaba los pensamientos.

…

El dueño del café le saludo sonriente:
- Adelante! ¿Y tu amigo, donde le has dejado?
- No lo sé, estoy buscándolo de hecho, seguramente volveré con el más tarde. Pasaré un momento, me sirves por favor una cerveza fría.
- ¿La de siempre?
- Si, por favor.

Dejó a un lado su casco y se sentó en la mesita de la esquina, la que preferían. Le dio un trago a su cerveza y al momento en que alzó la mirada empezó a leer tantos mensajes habían escritos en el techo de madera. Encontró unas letras que le parecieron muy familiares.

Agachó la cabeza.

- Amigo ¿Cuándo fue la última vez que vino Raynier, podrías decirme?
- Hace como tres días. Venía solo, sé tomó un par de cervezas, le vimos escribiendo eso que está ahí. Parecía cansado y no venía tan animado como otras veces, permaneció callado y ni siquiera bromeo con nosotros.

“Encuéntrame en la cima cerca del cielo y juntito a las estrellas. Un árbol lleno de vida te dará la bienvenida, abre la puerta de la cabaña... Te espero antes que amanezca, te quiero más que nunca.”

Tomó su casco y salió apresurado, empezaba a entender lo que sucedía.
- ¿Todo bien?

Solamente negó con la cabeza.

Encendió la moto, su corazón parecía que iba a reventar.
- Espérame Ray, espérame por favor.

…

Lloraba tranquilo y en paz. La cabaña era muy acogedora, tenía una ventana grande y a través de ella podía observarse el paisaje siempre majestuoso. Ya era media noche, se sirvió un trago de whiskey en las rocas, que bebía a sorbos.

Se desvistió y se metió a la tina llena al tope con agua muy caliente. Observaba las estrellas y el brillo de la luna a través del techo de cristal en la sala de baño.

Cerró sus ojos y lo trajo a su mente.

Hacía memoria de tantos momentos que habían compartido. Siempre le intimidaba su sonrisa y aun más con su tacto, como la vez en que se subió a su moto. La cercanía y  el olor de su cuerpo le erizaba la piel, esa vez se acercó lento para besar su espalda.

- Hueles exquisito.

Sólo tenía la imagen de él en la mente, sonriendo, serio, jugando, bromeando, gritando, acercándose. Recorría su cuerpo sin morbo, solamente disfrutando su cercanía.

Era el único hombre que hasta el momento había acertado en su comportamiento, era atento y amable, no reparaba en mostrar afecto en cualquier momento. Le provocaba emociones honestas y transparentes; además se sentía protegido por él. Y es que el trato era distinto a lo que acostumbraba, él le hacía volar con una mirada, con un gesto, con un abrazo… con un beso.

Siempre se mostraba educado, agradable, divertido, atrevido, sensual, exquisito. Siempre a su lado y nunca detrás; siempre mirándole a los ojos y nunca escondiéndose, siempre atento y jamás ignorándolo.

Se levantó y salió de la bañera escurriendo agua en el piso de madera, caminaba descalzo. Lucía muy desmejorado, lloraba más y más.

Miraba la inmensidad del cielo lleno de estrellas y con la luna radiante. Vistió soberbio y cómodo para la ocasión, continuaba  bebiendo la misma copa de whiskey.

Suspiraba.

Colocó velas en cada espacio posible para iluminar la cabaña. Además de docenas de rosas blancas para complementar la decoración, todo lucía regio y elegante. Tal cual merecía la vida memorable de un rey.

Colgaban un par de pinturas en las paredes de la sala de estar y en la mesa colocada cerca del ventanal había una foto enmarcada  con su amigo en blanco y negro, ambos sonreían y parecían divertirse. Y frente a la foto, había una pulsera de oro con una nota:

“Llévala contigo… es tuya, con todo mi aprecio.”

Encendió cada una de las velas. Silencio absoluto. Prendió el sistema de audio y empezó a escucharse el soundtrack de una de sus películas favoritas, las notas eran perfectas para el momento final.

Poco más de las dos de la madrugada.

Y se recostó en un sillón cómodo. Suspiro en paz y cayó en un sueño profundo.

…

La carretera estaba iluminada por la luna llena, manejaba con la velocidad máxima que alcanzaba su motocicleta, era un bólido en el asfalto. Los automóviles que pasaban a un lado le hacían sonar el claxon en señal de precaución, el solo quería llegar a la cabaña.

- ¡Ray!

Pronto tomó la desviación a la cima de la montaña. Había manejado ya por más de dos horas y el trayecto le había parecido eterno; faltaba poco menos de nueve kilómetros para subir a la montaña y en cuestión de minutos llegó, se estacionó y fue corriendo al árbol.

“Hazme arder como lo hace el ave Fénix.” 

Decia la nota que encontró a los pies del árbol.

Y se acerco a la puerta; no estaba cerrada y pudo alcanzar a ver el suelo lleno de velas encendidas.

Entró.

No podía creer lo que estaba viendo, no eran solo rosas blancas ni velas las que adornaban el lugar. Se acercó a la mesa donde estaba la fotografía y tomo la pulsera. Se la coloco en la mano derecha y la llevó cerca de su corazón.

- No Ray… - Dijo con los ojos llenos de lágrimas.

En silencio se acercó hasta alcanzar a leer la última nota que sostenía Raynier en sus manos. Parecía relajado y profundamente dormido.

Empezó a llorar.

"No temas, ahora estoy mejor.

Toma mis manos y permíteme acariciar  tu rostro, acércate y déjame percibir el olor de tu piel cerca de mí.

 No me he ido aun.

¿Sabes? me ha encantado el color que le diste a mis últimos días; he sonreído con el alma, he volado junto a ti, me he sentido seguro, volví a vivir. Lo confieso, te quiero y más de lo que puedas imaginar. Pérmiteme besarte el alma por última vez... 

Abrázame y cuando me sueltes despídete con un beso. Entonces habré muerto.

Acuéstame en la cama y por favor no permitas que nadie me vea después de ti.

Encuéntrame en el cielo, te estaré esperando.

Te quiero tanto."

Se acercó sin miedo y el silencio fue interrumpido por un grito desgarrador que se escuchó en todo el espacio. Se lamentaba entre lágrimas que le brotaban del corazón sin pronunciar una sola palabra, se acercó y le dio un beso en la frente.

…

Montado en su motocicleta, observaba con los ojos llenos de lágrimas como la cabaña era devorada por el fuego. La madera crujía y su amigo ardía dentro, era su última voluntad.
Encendió la moto y alzó la mano en señal de despedida. El alba le quitaba poco a poco la oscuridad a la madrugada, estaba amaneciendo ya.

- Te echaré de menos Ray.




H.M. The Legendary King Raynier.


Dedicated to yoU.

Gracias por tu tiempo, por tu espacio, por tu compañía.

30/4/13

Childhood


Para mis amigos de siempre, para los que hoy están cerca de mi corazón,  para los que no he tenido la fortuna de abrazarlos y que algo han aportado a mi vida. 

Y en especial, para ti: W.E.


"Abre tus brazos y siente el aire fresco en tu piel como ayer cuando corrías en el campo con una sonrisa impresionante, regalabas tanta alegría al paisaje que te rodeaba. Brinca tan alto como puedas hasta que consigas caer sobre ese charco de agua y salpiques tu ropa. Sé que reirás como el más travieso de los niños  y tu sonrisa se escuchará a kilómetros de distancia.

No temas y trepa sobre las ramas de los  árboles como si estos fueran enormes barcos espaciales que se mueven con la fuerza del viento hacia el infinito, acaricia con la palma de tus manos esas burbujas de colores que caen del cielo y grita fuerte tu emoción. Grita fuerte con la energía de tu cuerpo, con la fuerza de tus pensamientos y con la nobleza de tus emociones...

... Porque aun eres un niño.

Corre a la empinada cumbre de la montaña, corre tan veloz como puedas y no permitas que el cansancio borre la sonrisa de tus labios, respira mientras caen gotas de agua fresca  sobre tu piel, disfruta ese exquisito regalo de las nubes.  Brinca sobre las rocas y atraviesa el río que baja de la colina. 

¿Lo sientes? Vívelo.

Y cuando estés allá arriba, exclama al viento la maravilla de tu existencia , abre tus brazos y extiéndelos al viento, cierra los ojos y disfruta que aun eres un niño y nada detiene tu sonrisa, mucho menos tus pasos.

Entonces vuela en tus sueños y tráelos a la realidad, tráelos aquí junto a ti y cuídalos para que no se pierdan ni en la más oscura de tus noches.

Permite que sonría el niño que llevas en el alma para que  encienda la luz en tus ojos y así tus labios dibujen la sonrisa perfecta... la sonrisa de un niño."


H.M. The Legendary King Ray



"Here is my secret. It is very simple: it is only with the heart that one can see rightly; what is essential is invisible to the eye"

The Little Prince
Antoine de Saint Exupéry

6/3/13

Masterpiece


Y me encuentro esta noche contemplándote mientras duermes, cálido, tranquilo y sonriente; el cuerpo desnudo y tus brazos rodeando la almohada que has hecho tuya desde que llegaste, ha pasado tanto tiempo desde entonces…




Cedí al encanto de tu personalidad, a la magia de tu mente, a la sutil seducción de tu cuerpo y la nobleza de tus emociones;  siempre procurando una sonrisa que compartir aun cuando por alguna situación has caminado alterado e impaciente por los momentos no tan agradables que la misma situación provocaba.

Ayer por la noche, mientras nos detuvimos a beber una taza de café en el lugar de siempre, pude percibirte distinto; descubrí que me escuchabas atento y observabas meticuloso lo que yo hacía. Ahora sabes interpretar mi silencio, mi mirada, mi postura, mis sentidos; tal cual puedo yo interpretar cada uno de tus gestos y el exquisito lenguaje de tu cuerpo cuando callas.

Nos hemos vuelto cómplices del tiempo y espacio que compartimos, hemos permanecido juntos en momentos buenos y en otros no tanto, nos hemos apoyado uno a otro cuando se ha necesitado; y con el tiempo hemos aprendido a conversar y a escucharnos para encontrar caminos oportunos y óptimos a cualquier situación procurando no evadir la realidad.

Nadie es perfecto, yo no lo soy y sé que tu tampoco lo eres; conoces mis defectos y disfrutas mis virtudes y valores, sabes lo que me hace feliz y lo que entristece mis días, así como lo que se de ti; lo que me gusta de ti y lo que no. Pensamos distinto y aun así coincidimos en tanto… estamos juntos.
                                                        
Un año podría parecer nada con lo que nos hace falta por compartir, sin embargo es suficiente para entender que es un lazo mucho más agradable lo que hoy nos permite vivir y sentir, algo que simplemente percibo como inolvidable.

. . .

El castillo lucía desolado, el elegante dorado de los cuadros colgados en las paredes había perdido el brillo, el jardín parecía devastado y sin vida,  y no había más que hojas secas que el viento azotaba en la tierra pálida. El rey  dormía tantas horas como le fuera posible para sanar las heridas que la tormenta y su estancia en el campo de batalla habían dejado en su piel. Era silencio absoluto lo que se escuchaba en los pasillos, las cortinas permanecían cerradas la mayor parte del tiempo y solo resonaba el eco de las fiestas ostentosas que en el palacio se ofrecían por gusto propio y por el protocolo que el reino exigia.

El rey había planeado retirarse antes que los demás pudieran ver como se deterioraba,  era mejor hacerlo entre las paredes del palacio y dejar la cima con una sonrisa por tras disfrutado tanto, exageradamente quizá, pero era su muy particular estilo de vida; el mismo que lo llevo a vestirse siempre elegante y disfrutando sus pasos cuando los demás volteaban y le sonreían amablemente; mientras otros le destilaban envidia con la mirada.

Caminaba con clase y coraje siempre, sonreía con la distinción de un noble y conversaba con la gracia y encanto de alguien que disfrutaba vivir cada momento sin detenerse. Y de la misma forma disfrutaba rodearse de personas que amaba y que algunos hasta el día de hoy permanecen cerca. Se detenía en donde deseaba, dejándose ver en lugares propios y adecuados a su vida, discreto y sobrio cuando la ocasión lo requería y atrevido cuando se lo proponía, siempre exquisito.

Era una vida, al parecer, completa y brillante.       

Pero poco a poco empezó a perder el control de su propio destino y lo que no era propio empezó a seducirlo de una forma por demás intensa, hasta dejarse consumir en vicios que más allá de mantenerlo siempre despierto y vivo, empezaron a sepultarlo hasta desatar una cadena de eventos tristes y desesperantes propios de un perfil socialmente inaceptable y decepcionante.

Drogas y excesos.

Y en ese ambiente tan oscuro, ácido y bestialmente adictivo encontró lo que lo hundió hasta aplastarlo en los vicios emocionales más raros y absurdos que un ser humano podría siquiera soportar un solo segundo; estaba ya en el infierno. Ahí mismo intento caminar y levantarse, consumiéndose entre las llamas del mismo, siendo devorado por quienes murmuraban su visible derrota, piedras hirviendo que quemaban su piel, labios que mordían los restos de su reputación quitándole la poca dignidad que quedaba en el.

Fue así como cayó sin más fuerza que para cerrar los ojos…  casi muerto.

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Cierto día despertó y no encontró más que sangre a su alrededor, cristales rotos, recuerdos destrozados e imágenes crueles en el paisaje de su habitación. Los paisajes en las pinturas de la sala principal  se habían apagado ya, las plantas de los pasillos habían muerto también, la alfombra que cubría los escalones de la escalera principal lucía descolorida.

Se levantó de la cama e hizo a un lado las sabanas que despedían ya un olor putrefacto, camino sobre pedazos de vidrio lastimando la piel en sus pies y sin gesticular dolor alguno en su rostro continuo su camino escudriñando cada rincón del que en algún tiempo fue, si no el palacio más elegante, si el más agradable y digno para un rey como el.

Era despertar al día siguiente después de una explosión emocional que le golpeó en el estómago haciéndolo volar hasta caer en el otro lado del campo y terminar revolcándose en sus recuerdos: desde la niñez y adolescencia, hasta el último día en que consiguió cubrir su tristeza con una máscara de platino que rozaba su piel desangrándola con su respiración. Fue evidente su desesperación y ahogando sus sentimientos en un grito consiguió quitársela para poderla aventar tan lejos que aun en la distancia escuchó el ruido tan singular del metal al golpear la superficie.

Empezar de nuevo y reconstruir cada uno de sus espacios arrastrando la acidez mental para conseguir sanarla era un verdadero reto y había que asumirlo.

Se acercó a una de las ventanas más grandes que daban al jardín trasero del castillo, corrió las cortinas y con ello se levantó  una nube de polvo que lentamente despejó el paisaje.

Era un verde exquisito y delicado el color que teñía la pradera, en donde se delineaba un pequeño rio que bajaba de una de las montañas, abrió la ventana y respiro la frescura del amanecer, escuchó la música de una gaita que estaba siendo tocada en algún lugar cercano. La mañana parecía nublada, triste para algunos, pero para él era simplemente espectacular y reconfortante después de tantos días en la oscuridad.

Las hojas de los árboles se estremecían con el viento. Se encaminó a la sala de estar y acarició un sin número de recuerdos, atravesó el espacio sin detenerse un solo momento, solo quería salir y disfrutar lo que el reino le devolvía.

Encontró la puerta que lo llevaba a la parte trasera del castillo, la misma que abría cuando quería escaparse a disfrutar un momento de soledad, también cuando corría como un pequeño por el jardín y se trepaba en los mismos árboles de su infancia, aquellos que en la imaginación eran poderosos barcos que surcaba los siete mares  y que tanta adrenalina le provocaban cuando el viento soplaba fuerte, gritaba siempre emocionado…

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Al salir y pisar la frescura del pasto verde bañado con la brisa de la mañana las heridas en sus pies dejaron de sentirse punzantes, uno que otro rayo de sol se colaba entre el cielo nublado, le calentaba la piel devolviéndole el color natural.

Alzó la mirada al cielo y cerró sus ojos para extender sus brazos al viento, y como en su infancia, corrió sin detenerse brincando sobre las piedras y los arbustos pequeños que rodeaban el castillo, parecía que las flores cambiaban de posición para observarle sorprendidas, brincó en los charcos de agua un poco fría que se acumulaba en alguna parte del jardín y casi volaba sobre la superficie para alzarse a la cima de la pequeña montaña que se levantaba en el horizonte.

Minutos de placer, minutos de vida. Las nubes aun no despejaban el espacio pero ofrecían sin duda alguna, un paisaje placentero  al rey. Aquel que alcanzaba a observarlo en la cima, podía atinar que estaba disfrutando el paisaje mientras reposaba en aquella roca que tantas veces le permitió libertad, dignidad, simpatía y poder.

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La melancolía no espero más y provocó lágrimas resbalando en sus mejillas que, al tiempo, se mezclaban con la brisa fría que se desprendía del cielo nublado. Recuerdos agradables que le refrescaron el alma, esos tiempos que en un lugar lejano le permitió madurar, experimentar y valorar lo que tenía a su alrededor; principalmente a los suyos; una época de oro en su existencia, la misma época en que fue coronado rey para así tomar las riendas de su vida en un castillo tan singular como su misma imaginación y tan poderoso como su misma presencia.

Era volver a sentir un abrazo de sus amigos, los que encontró en donde menos espero, con los que compartió momentos brillantes y definitivamente sorprendentes, aquellos amigos nobles que hoy continúan en su alma, quizá de quienes más ha aprendido hasta el día de hoy.

Eran retratos en su memoria, como el paisaje casi invisible de aquella tarde  en que caminaba en medio de una tormenta de nieve que ni siquiera padeció, sino más bien disfrutó como un niño travieso y sonriente.

Era poco más de medio día y empezó a caminar sobre la nieve, el viento soplaba tan fuerte que provocaba la sensación térmica más fría que en vida había experimentado, mientras por dentro se esparcía calidez, propia de la vida plena que en ese momento disfrutaba. La nieve crujía dulcemente debajo de sus pies mientras que la fuerza del viento entonaba una melodía salvajemente encantadora.

Camino un largo trecho sin dejarse vencer por la tormenta, ni por el frio que quemaba ya su nariz que estaba tan roja y quebrada que el dolor no alcanzaba a doblar su cuerpo.

Sin duda alguna mostraba clase y coraje aun en momentos críticos… sin dejar de sonreír.

Volvió a la realidad y al abrir sus ojos saboreo con sus labios la brisa que bañaba la comisura de su boca. Se levantó para acariciar el encanto de las flores que crecían a un lado de las rudas rocas provocando una sensación seductora. Poco a poco se acercó a un precipicio tan alto como el mismo cielo; ahí donde las emociones se convertían en adrenalina y poder, amo y rey.

Todo se observaba verde y lleno de vida y placer. El mundo volvió a ser diminuto comparado con la naturaleza de su ambición, la misma ambición que él consideraba un arte digna de aprender y saber vivirla para no padecerla y ser víctima de la misma; como antes.


Sus pies descalzos estaban cerca del abismo, el paisaje era espectacular como el mismo cielo que empezaba a despejarse, su mente empezó a cambiar tanto que la sensación la experimentaba una vez más en cada rincón de su cuerpo, siendo consciente de ello.

. . .

- Quisiera quedarme aquí pero debo atender los deberes de mi reino, debo cuidar de mi persona y rescatar lo que me rodea y me hace tanto bien, debo atender a la corona que me ha llevado tantas veces a la cima y que merece toda mi atención, la misma que merece mi vida: mi reino.

. . .

Empezaba a anochecer y debía volver al castillo, las horas habían pasado casi desapercibidas ante sus ojos. Caminaba lento, disfrutando el paisaje ahora un poco más oscuro, apenas se dejaban ver  las estrella cuando las nubes grises lo permitían, la luna permanecía escondida. Respiraba profundo para refrescarse el alma… así volvió y entró al castillo, ahora con un mejor semblante.

Recorrió los espacios y mientras lo hacía levantaba lo que dolía y lo colocaba poco a poco en un carruaje dorado que estaba listo para llevarlo y dejarlo caer hasta estrellarse en algún desfiladero cercano al castillo. Lo hizo sin darse cuenta del tiempo y al regresar a su habitación el palacio había quedado liberado de objetos y recuerdos inservibles.

Cambio las sabanas de la cama y al extenderlas suspiro la frescura de la noche, eran suaves y sedosas, dignas de un rey. Se recostó y empezó a escuchar las voces de los ángeles que le arrullaron mientras cayó en un sueño profundo.



Soñaba vida, soñaba sonrisas… soñaba que volaba sin dejar caer la corona de su reino.

Despertó.

Tenía la delicada sensación que habían pasado suficientes días en los que había dormido, su sonrisa era distinta, quizá intensa. Su cuerpo transpiraba tranquilidad y sus emociones parecían haberse liberado de lo que una mañana antes era un campo de batalla devastado y totalmente consumido en un infierno del que pudo sobrevivir.

Sentía como la sangre corría por sus venas anunciando un amanecer plenamente mejorado, sus pies habían sanado y sus recuerdos poco agradables habían quedado rezagados en su memoria. Tomó un baño relajante y refrescante con agua tibia mirando el paisaje verde a través del ventanal, ahora disfrutaba sentir la piel mojada.

Se vistió elegante y sobrio, la ocasión lo requería.

Estaba listo para reacomodar el espacio, para desempolvar los años de oro y mejorar el aspecto del palacio hasta conseguir un brillo distinto, uno completamente sensual tal cual su personalidad. Y así lo hizo, logró que hasta las paredes expresaran lo que habitaba en el interior de su persona, tan noble y leal como un príncipe,  educado y poderoso como un rey; siempre  humilde y culto como cualquiera con deseos de vivir y dejar huella en los demás.

Miraba detrás de sí mismo y solo encontraba un deleite emocional después de desechar lo que ya no era prudente conservar siquiera en la cercanía de su memoria.

Sonreía...

Encontró tiempo para disfrutarse a sí mismo, para relajar su mente y para hacer lo que tanto amaba: leer y escribir. En  una noche oscura de otoño mientras caminaba tranquilo en los empedrados cercanos al palacio,  se detuvó a acariciar con la mirada el vaivén de las hojas de los árboles y observaba como se colaba la luna entre los altos pinos del camino.

Ocasionalmente se escuchaban las ruedas de los carruajes tirados por caballos elegantes que transitaban a un lado suyo; alguien de vez en vez se detenía para saludarle y abrazarle  por verle de nuevo. Emociones para el rey.

La noche parecía eterna y siempre disfrutable, así después de unas horas se encontró con un viejo amigo. Sonrieron al verse, fue un abrazo más bien honesto y noble; se sentaron en alguna banca debajo de esas lámparas que iluminaban la oscuridad del empedrado y conversaron de tanto que de pronto se escuchaban carcajadas y sonrisas.

Poco antes del alba, el rey se retiró al palacio despidiendo a su amigo, ambos prometieron encontrarse pronto.

Así sucedió, y no solo en una ocasión sino en varias siendo estás más y más frencuentes, ya no eran charlas al anochecer, hasta que el tiempo permitió que el rey le invitara a comer en la tarde de un sábado de noviembre.

El castillo lucia diplomático y apropiado, el invitado preparó platillos exquisitos para esa  tarde. Charlaron  hasta poco más de la media noche, hablaron de todo, conversaron sobre sus planes, hablaron del pasado y disfrutaron hasta la sonrisa más simple.

El rey había experimentado paz consigo mismo en los días previos, lo que le permitió sentirse tranquilo con la compañía del invitado, ahora sonreía nuevamente desde dentro lo que se percibía hasta en el rincón más alejado del castillo.

Al amanecer, agradeció la hospitalidad y el invitado se marchó.

Pasó  el tiempo y siguieron conviviendo, a veces en la discreción del castillo y otras más en las calles del pueblo. La convivencia permitió todo, y cuando menos se lo esperaba, el ahora consorte ya vivía con el rey en el mismo palacio. Lo que le valió muchísimas críticas y también sonrisas, así fue introduciéndolo en su mundo, en su imperio; presentándolo con sus más cercanos y muy queridos amigos; quienes siempre estuvieron cerca de él en todo momento.

 ...

Yo soy The Legendary King Raynier Of The Royal Kingdom, y he vuelto a dejarme ver  durante la noche que tanto amo acompañado del ahora Su alteza real El Príncipe Consorte… y ha sido tal como lo cuenta la misma historia. Tan transparente para muchos, tan perturbador para otros que intentan herir murmurando y escupiendo veneno,  pero esto ha sido  siempre noble, transparente y agradable para ambos.


El día es perfecto… como una obra de arte, como tú.



W.E.
MASTERPIECE

“People called the greatest love story of the year…
 but nobody stood for, he was the most despised man around.
Nowdays, The Legendary King is still charging his duties as a King
 with the support of the one he loves.”

H.M. The Legendary King Raynier