BELOVED, THE ANGEL OF THE STARS.

25/06/11

El mar me parecía tan tranquilo a esa hora de la madrugada, los tripulantes del barco se habían ido a descansar ya pero la música seguía sonando desde alguna de las salas del interior. Las luces que cubrían la superficie aun permanecían encendidas. Salí a caminar sobre la madera fresca con a brisa del mar, vestía la misma ropa de la fiesta y sostenía un vaso de whiskey con hielos en una mano y en la otra un cigarrillo encendido.


La noche había sido como las anteriores después de mi exilio, con mucha melancolía y nostalgia por aquellos a los que no he podido visitar. Vivía entre extraños que aunque eran caras amigables no me impedían extrañar lo bueno de aquellas noches intensas en tierra firme, donde mis sueños cobraban vida y donde mi libertad no era limitada por nada ni por nadie.



Este paraíso no me pertenecía.



Brindé a las estrellas que cubrían el espacio y al brillo de la luna reflejándose sobre el mar. No podía màs, y con un grito desesperado estrellé el vaso aun con hielos sobre la parte trasera del barco y sin dar pensar en nada corrí con toda la fuerza de mis piernas a la proa del barco, empecé a sentir la brisa en mi piel y de un salto volé sobre el barandal de la punta de la nave que estaba detenida en el mar, como una cárcel de la que deseaba escapar antes del amanecer.



Caí al vacio con los ojos cerrados y mientras lo hacía extendí las manos al viento, recordé aquello que me mantenía vivo pero que en algún momento cortaría mi respiración hasta matarme… mi cuerpo se estrelló con el agua del mar y me dejé hundir lentamente en la inmensidad del mar.



Mientras mi cuerpo se desplomaba escuché como de mis labios y de mi nariz se escapan burbujas de oxigeno que subían a la superficie. Y fue en los últimos segundos de mi consciencia cuando recordé que había nacido para ser grande. Era demasiado tarde.

Entonces alguien que descansaba en aquella isla se despojó de su ropa y nadó tan rápido como pudo allá donde el cuerpo que había saltado al viento se había perdido en la profundidad del mar.



Se sumergió hasta encontrarle inconsciente y casí perdido. Como pudo lo llevó a la superficie y abrazándolo nadó con él hasta acercarse a la playa. Lo colocó cerca del fuego y así le dejó.



Trataba día a día de reanimarle, por momentos se dibujaba una sonrisa en los labios de quien parecía muerto. Muchos amaneceres y atardeceres pasaron sobre esa playa, descansaban dentro de la cabaña de quien parecía ser un ángel.



Fue entonces en una noche, mientras el ángel cantaba cuando el otro abrió los ojos lentamente y ambos se observaron detenidamente. En el rostro del ángel se dibujo una sonrisa, al parecer la guerra había terminado.





Volví a cerrar los ojos.



El ángel se acercó y lo colocó en sus piernas. Las estrellas comenzaron a brillar y la luna hizo lo propio. Se encendieron fogatas en toda la playa mientras aparecían otros ángeles alrededor, la música volvió a sonar y entonces…



Desperté.



No era una playa cualquiera, era la playa de los dioses donde me encontraba. Pude observar de cerca a aquella persona que me había rescatado cuando decidí lanzarme al vacío.



Tenía la sonrisa más tranquila y seductora que no había visto antes. Este no era mi reino, era su imperio: tan cálido y agradable que me hizo levantarme para salir y caminar a la orilla de la playa. Venía detrás de mí y lento se acercó hasta tomar mi mano.



Era la emoción de vivir lo que me hizo sonreírle y besar su frente para agradecerle haberme liberado de la muerte cuando desesperado había buscado dejar el exilio que me había mantenido lejos de lo que amaba: ser feliz.



La música me transmitía más vida que antes, los demás seguían con la mirada nuestros pasos y entonces el cielo se convirtió en el paraíso perfecto que había olvidado. Todos empezaron a moverse en sincronía dejando que sus cuerpos experimentaran el éxtasis de ese ritmo tan erótico y sensual.



Volví mis pasos al centro de la playa. Me detuvo con sus manos y me hizo volver la mirada a sus ojos, sonrió tan exquisito que me hizo bajar la mirada a la arena entonces su cuerpo empezó a moverse cerca de mi consiguiendo transmitirme lo que había olvidado: el placer de bailar.



Mis manos acariciaron su rostro, su cabello y sin decir absolutamente nada, nos besamos y así desperté a la realidad que estaba viviendo. Era su compañía lo que me hacía vibrar de emoción, era la adrenalina de sentirle cerca lo que despertó en mi la necesidad de abrazarle hasta perderme en el olor de su piel. Entonces escuché su risa cerca de mi oído.



- Bienvenido.



Empezamos a bailar sintiendo la música en el alma. Era la misma intensidad la que por un momento nos hizo elevarnos al cielo hasta reflejarnos en las estrellas y fue la complicidad del viento la que nos acarició hasta colocarnos nuevamente en la tierra para entender que no era un sueño.



Los demás fueron desapareciendo poco a poco en la oscuridad de la noche hasta quedarnos solos, fue un momento de gloria. Recuerdo perfecto su mirada, sus labios sonriendo y un suave suspiro al momento de abrazarnos. Era el encanto de un ángel que había conseguido regresarme a la vida que no quería vivir, esta vez con un sentido distinto: la naturalidad de una emoción y la transparencia de un sentimiento.



Caminamos hacia la cabaña donde encontré las memorias de su vida, me mostró paciente cada uno de los rincones de su espacio y en silencio admiré el poder de su fortaleza. Aquel chico parecía haber dejado todo por un sueño que entonces comprendí: vivir su propia vida.



Me observaba sentado en un rincón de la habitación mientras caminaba y escuchaba sus historias, los momentos difíciles que estaba atravesando y aquello que lo motivaba a vivir y ser mejor persona. Sin duda era un ángel en busca del horizonte que lo llevaría a reunirse con sus sueños.



Me acerqué a el y le tomé de la mano para volver a la playa, la misma tranquilidad del mar nos persuadió a sentarnos a observar el horizonte. Las estrellas brillaban tanto que por un momento confundí el brillo de su mirada con la misma naturaleza de esos astros. Su sonrisa volvió a encantarme y sin pensarlo recargue mi cabeza sobre sus hombros mientras me abrazaba. Su presencia tan cálida me hizo suspirar como no lo había hecho antes en todo el tiempo.





Y antes del amanecer, cuando el sol empezaba a apagar el brillo de la luna pregunté su nombre con la voz casi en silencio.



- Me llamo Carlos - Y su mirada se perdió en mis ojos haciéndome sonreir hasta hacer caer las estrellas en mis pies.







Gracias por hacerme vivir aun más , volaré contigo hasta alcanzar la cima,
ahí compartiremos la emoción de cada momento.
Sonreiremos juntos y estaré ahí cuando tu día sea difícil, confía en mí y
gracias por esa mirada de complicidad. Aun con tus defectos,
eres un ser humano que ha maravillado mi existencia.
He aprendido a quererte tal cual eres y así me gusta tu personalidad, no busco que cambies porque te acepto aun con tus locuras. Es tiempo de revivir el niño que llevas dentro para que divertirnos sea aun más increíble de lo que ya es. Te quiero siempre Carlos.






Raynier.